Esclava del Deseo Con mi chico y aquellos juguetes que me enloquecieron y me llenaron por completo…

Fecha de publicación: octubre 1, 2011 2:57 pm

Matías y yo éramos amigos desde hace mucho tiempo, pues nos conocíamos desde que estudiábamos Administración de Empresas. Ambos éramos todos unos pervertidos, conocíamos los secretos, las fantasías, las experiencias y deseos sexuales más candentes, ocultos, morbosos y pervertidos del otro. Siempre comentábamos todo y nos contábamos todo nuestras relaciones, absolutamente todo, nos llevábamos bien y nuestra relación siempre había sido la mejor. Como éramos grandes amigos y valorizábamos nuestra amistad teníamos la tendencia a celebrar nuestro aniversario de amistad que no era más que el día en que nos habíamos conocido en el instituto. Sin embargo, ¿cómo podría haber imaginado en aquel entonces, que lo que debía haber sido un agradable día con mi mejor amigo, se convertiría en el día más candente y erótico de toda mi vida, en el que me convertiría en una esclava del deseo y también de Matías?

Aquel día era nuestro aniversario de amistad, íbamos a hacer algo relajado, salir a comer, ver alguna película en el cine todo sumamente piola y divertido, caía día sábado así que no había drama con el trabajo. Era temprano en la mañana Matías iba a llegar como a eso del medio día, ya había tomado desayuno y me tenía que bañar. Sin embargo, como a las 10 de la mañana golpearon la puerta de mi departamento, me extrañó que fuera tan temprano, cuando abrí la puerta resultó que era Matías, venía con mochila (lo cual me extrañó mucho) lo invité a pasar y entonces me miró de arriba abajo, eso se sintió extraño, luego de que nos saludáramos, me dio un gran abrazo y me dijo: “Feliz aniversario de amistad” Le sonreí y le correspondí el abrazo, entonces en una tono de voz que en ese momento, por alguna extraña razón me pareció muy sensual, me dijo:

- Hoy día la vamos a pasar como nunca. ¿Oye qué onda, te bañaste? – Me pareció extraño aquello, le indique no me había bañado entonces me dijo: Apúrate y báñate te tengo una sorpresa, pero te la muestro cuando salgas. – Como siempre he sido muy curiosa, no podía esperar hasta ver mi sorpresa, me fui a bañar mientras Matías me esperaba, no sabía que estaba planeando, pero grande y placentera sería mi sorpresa cuando más tarde lo descubriría.

Después de darme la ducha que considero ha sido la más rápida de mi vida, salí envuelta en una toalla, entonces antes de que pudiera ir a mi pieza Matías me detuvo en el camino.

- ¡Hasta que saliste! Estaba chato de esperarte – Te tengo una sorpresita. ¿Confías en mí? – Me dijo con esa voz que no podía evitar pensar que me parecía sensual. Le dije que obvio, o sea era mi amigo, nos conocíamos de hace una eternidad. Me pasó una venda para que me tapara los ojos, me pareció súper raro, en realidad todo ese día era raro, pero le seguí la onda, total me encantaban las sorpresas. Me tomó de la mano y me llevó hasta un lugar de mi departamento, como tenía los ojos vendados no sabía a donde me dirigía cuando llegamos, me susurró al oído.

- Sácate la venda – Lo hice y ahí frente a mis ojos, en la puerta de la entrada de la cocina, mis ojos vieron algo que sabía que jamás olvidaría. Todavía aquella imagen se encuentra grabada en mi memoria.

Ahí en la puerta de la cocina, había colgando, un columpio bondage, no era el gran columpio, pero se notaba que estaba firme sujeto de la puerta, desde el techo, era bastante simple y por lo que podía verse práctico. Sin embargo, no sólo había un columpio, también Matías había puesto el espejo grande que tenía en mi pieza, en frente del columpio, no entendía cual era la gracia de que lo hubiera puesto ahí, pero estaba tan conmocionada y sin palabras que no le di mucha importancia, ¿qué se supone que hace uno en una situación así? No atiné a decir nada, lo único que pude balbucear fue: ¿Qué onda? Matías se acerco a mí, me miró fijamente y pronunció suave y seductoramente las palabras:

- ¿No que te gustaba el bondage? Feliz aniversario de amistad, hoy día te voy culear como nunca nadie y como ninguno de tus pololos te lo ha hecho. – Aquellas palabras fueron suficientes para matarme de una, apenas estaba en vuelta con una toalla, prácticamente desnuda, y me sentí tan pero tan caliente, que me moje de una, en ese momento, perdí la cabeza, me sentí tan caliente, como cuando estas lo más bien y de repente algo te hace sentir ese deseo, esa calentura, esa fiebre y ese deseo que te da de sentir placer y masturbarte donde sea o que alguien te folle de una o quitarse la sensación como sea y a cualquier precio. Sentí como el deseo se expandía por mi cuerpo, era una sensación tan erótica, me temblaban las piernas, era la ansiedad, el nervioso el ¿que pasará ahora? Todo de una.

Lo único que tenía claro, era que de mis tantas fantasías pervertidas, había una que finalmente se volvería realidad, una que mejor dicho, mi mejor amigo volvería realidad. En ese momento no atiné nada, lo único que recuerdo es que me dijo:

- ¿Qué pasa no te gustó mi sorpresa? – Me dijo con una sonrisa de burla, y una mirada tan maliciosa y lujuriosa, no sabía que chucha decir, no sabía que rayos hacer. No tenía idea que hacer en ese momento, lo único que tenía claro es que comencé a sentir cosas que jamás había sentido y quería que me follara, que me hiciera suya, que me violara, usara, que hiciera lo que quisiera con mi cuerpo en aquel columpio bondage, quería sentirme como las tipas de las películas que tanto me gustaban, las que por cierto mi amigo bajaba y que yo veía secretamente cuando dejaba su notebook en mi departamento.

Me puse en el columpio, era muy sencillo y simple, metí las piernas en unas correas que me sujetaban por más arriba de los tobillos, casi en los muslos, bajando las rodillas de modo que las piernas me quedaban abiertas exponiendo mi vagina, tenía también correas para meter los brazos y las manos, es súper difícil describirlo, pero el asunto es que las metí y me quedaban un poco inmóviles, o me aferraba a él o me caía, pero aquello era tan erótico, tan sexual, tan candente, tan pervertido, morboso, retorcido. Me sentía como una puta, como una perra, me sentía sumamente excitada, y los jugos que fluían de mi vagina eran evidencia de ello. Me iba a ir al infierno lo sabía, pero si para ello tenía que experimentar los placeres terrenales y de la carne, pecar de esa forma valía la pena.

- Parece que te gustó mi sorpresa, ¿no, mi perrita? - Matías parecía otro, otro totalmente diferente. ¿Donde se había ido mi amigo tan comprensivo, cariñoso y buena onda de siempre? – En ese preciso instante, todo cambió y se sintió tan surrealista. Me sentía como si fuera otra, como si ya no fuera yo misma y hasta Matías parecía otro, ya no era mi amigo, no, ahora era el hombre que sabía me haría sentir el orgasmo más grande de mi vida.

- Sí, me gustó, Matías, úsame como quieras – Le dije, el contexto ya era otro, la formalidad y la amistad de habían ido a la punta del cerro, todo lo que importaba ahora el deseo.

- A tus órdenes – Me respondió y me hizo sonrojar más de lo que ya estaba en aquella posición y situación, pero antes de continuar me dijo algo tan simple, pero que dadas las circunstancias se me hizo tan pervertido.

- ¿Te estás tomando tus pastillas, cierto? ¿O vamos a tener un hijito? – Me dijo mientras con un amor y ternura increíbles en el que era mi mejor amigo, me acarició el vientre. Me dio tanta tanta tanta vergüenza, que me preguntara eso, que no atiné a nada excepto a asentir con la cabeza, fue sumamente vergonzoso, pero tan erótico, el sólo hecho que me preguntara y me dijera eso, con esa voz, con ese tono, con esa entonación me mataron, eran tan cariño y tan pervertido, quizás no les parezca tanto, pero cuando uno está en situaciones así, pareciera que todo afecta y conspira para hacerte pensar en tonteras y pasar rollos.

Todo era tan surrealista que por un momento juré que todo era un sueño. Yo ahí, en un columpio bondage, inmóvil, expuesta, a merced del que se convertiría en mi depredador, en mi amo, en mi macho, en mi maestro y yo inmóvil, indefensa, expuesta a merced del lobo que me comería, ni en mis sueños más retorcidos y calenturientos de toda mi vida, habría imaginado que me tocaría vivir algo así. Abierta de piernas para deleite de mi verdugo esperando la sentencia de placer que recaería en cualquier momento sobre mi sumiso y dispuesto cuerpo. Tan perdida estaba en aquel mar de deseo que comenzaba a ahogarme, que había olvidado la pregunta de Matías.

- ¿Y bien? – Sin poder articular palabras, mirándolo con lo que para el probablemente debió haber sido una visión sumamente arrebatadora, al verme en tal estado y reflejándome en las negras pupilas que tenía en sus ojos y viéndome a mi misma en ellas, asentí con la cabeza para darle mi respuesta. Entonces comenzó a quitarse la ropa con tal maestría, no sabía si lo había practicado o no, pero tenía que admitir que Matías era bien atractivo, tenía un cuerpo bien formado, era medio musculoso y era justo como me gustaban los hombres morocho de pelo corto, simplemente precioso.

Estaba excitada, me sentía caliente, quería que me follara, que me partiera en dos, que me follara tan fuerte que no olvidara ninguna de sus embestidas. Quería que me hiciera suya, con estos pensamientos y la desesperación más que evidente en mi voz, quebradamente le suplique:

- Matías, si no me penetras ahora me voy a morir, estoy demasiado caliente – Le expresé y cuando baje mi vista para ver en que estado se encontraba él, grande fue mi sorpresa al ver como los calzoncillos que llevaba puestos mostraban su pene erecto, se me hizo agua la boca al ver aquello, Matías me había dicho que no lo tenía tan grande, pero cuando lo vi me pareció perfecto, no era ni muy grande ni muy chico, pero era perfecto, todo en Matías era perfecto en ese momento si significaba que me iba a follar como nunca me lo habían hecho en mi vida. Antes de que pudiera seguir pensando, escuche su voz decirme:

- Siempre tan apurona, ¿verdad? – Me dio vergüenza cuando le escuche decirme eso, y tenía razón siempre había sido apurona y quería que todo se hiciera de una, pero que me lo dijera en tal situación, no pude decir nada, porque antes de lo que pensaba vi como bajo su boca a la altura de mi vagina y comenzó a introducir su lengua de golpe y a lamerme hambriento por probar mis jugos y saborear mi clítoris. Su lengua me volvía loca, me lamía con una habilidad, sentía como si me estuviera probando como si fuera un dulce, por Dios que era bueno haciendo eso, no sé si era su experiencia o era la excitación del momento, metía y sacaba su lengua, me chupaba como nunca me habían chupado, era el mejor sexo oral que había recibido en la vida y yo incapaz de mover mis piernas, incapaz de moverme, incapaz de hacer nada recibiendo todo aquel placer que me volvía loca y me hacía desfallecer mientras mis jugos fluían y fluían y me agitaba y soltaba gemiditos de “ah ah” que hasta en mis oídos se escuchaban pervertidos.

- Matías, Matías aaa por fa no me voy a correr, métemelo métemelo - Le supliqué desfalleciendo de placer. Ya estaba lo suficientemente mojada como para que me lo metiera de una, supongo que cuando escucho lo mal que estaba decidió bajarse los pantalones, por que lo que recuerdo es que me lo metió de una y sentí como me penetraba. Yo tenía los ojos cerrados, dominada por las sensaciones, por lo tanto no tengo idea que pasaba exactamente todo lo que sentía era el placer quemándome viva, consumiendo en llamas, embargándome, ahogándome, era tan rico, tan delicioso, tan adictivo, quería más y más, quería sentirlo más adentro hasta lo más profundo de mis entrañas, penetrándome más adentro de mi vagina, que llegara a mi cerviz y me llenara de su semen, que me hiciera sentir completa como ningún hombre me había hecho sentir jamás.

En esa nube de placer que me quitaba el aliento, fue cuando sentí algo vibrando en mi clítoris, no sé en que momento lo había hecho, pero cuando logré abrir mis ojos vi como Matías había puesto una bala vibradora en mi clítoris haciendo que esas vibraciones me volvieran loca, mientras él me embestía salvajemente con su pene como si fuera una máquina, y con su boca y su lengua lamía mi cuerpo, mis senos, mi cuello, besándome, llenándome de su saliva caliente, mordiendo mis pezones y al mismo tiempo sentía su pene pulsando y vibrando en mi interior, no aguante más y me corrí como una llave, lo llene de jugos y yo misma eyacule mojándole, sentí mi vagina contraerse y cuando me estaba recuperando de mi orgasmo, lo sentí llenarme hasta el fondo con su semen.

Nos quedamos quietos por un buen rato, yo respiraba agitadamente, estaba exhausta, pero todavía sentía deseo, todavía quería sentir placer, no era suficiente, mi clítoris todavía estaba sensible, si me lo tocaba iba a seguir excitada, quería más placer, quería mas sensaciones, quería sentir esa sensación adictiva otra vez, quería volver a sentirme como la puta y perra que era, quería ser su esclava, su juguete sexual, su muñeca dócil, quería seguir siendo esclava de aquel placer que me hacia volverme toda una ninfómana, pero Matías acaba de correrse y al parecer no tenía energías, mientras yo aún me sentía satisfecha, mis amantes y pololos siempre me habían dicho que era una puta inagotable, pero ahora más que nunca deseaba que Matías se recuperara para follarme otra vez, pero estaba exhausto y había caído sobre mi como un saco de papas. Escuchando sus jadeos le oí decirme.

- Eres una puta ¿lo sabías? Ya te corriste y todavía veo que estas más mojada que la cresta. – Esas palabras tan despectivas, pero tan calientes sólo confirmaron su afirmación, lo sabía era una puta, pero ¿no nos ponemos todas así cuando nos embarga el deseo? Lo único que queremos es sentir más placer y haríamos lo que fuera por saciar esa necesidad que nos vuelve locas.

No le respondí nada a Matías, lo único que atine fue a mirarlo todavía jadeando, me dolían los brazos y las piernas, estaba para la embarrada, la verdad es que me dolía el cuerpo, dolía estar en esa posición, me dolían los brazos, pero estaba tan absorta en todo que comparado con el placer ese dolor no era nada.

- Sabía que no sería suficiente así que te tengo una sorpresita más para hoy día – Me dijo, yo pensé que todo había acabado, Matías que tenía los pantalones puestos, pero hasta los pies casi igual que los calzoncillos se recobro como pudo, apagó la bala vibradora que se había caído al suelo y seguía vibrando, sacó del bolsillo de su jeans la venda que me había puesto antes y me la puso en los ojos, diciéndome que “esperara y vería que más me iba a dar”. Espere que hiciera lo que tuviera que hacer, quería que me volviera penetrar, quería que lo hiciéramos de nuevo, me sentía insaciable, acaba de correrme y quería más y más, era una esclava del placer sexual y esclava de Matías.

Espere pacientemente cuando sentí como una cosa mojada y babosa me tocaba el poto, pegué un respingo cuando sentí esa cosa, era algo suave, mojado, raro, baboso, no sabía que era, pero Matías me estaba tocando.

- ¿Que estás haciendo? ¿Qué es eso? – Le pregunté cuando lo sentí atrás de mí manoseándome.

- Shhhhhhhh no eches a perder la sorpresa, quédate callada y vas a saber. – Me respondió y simplemente traté de concentrarme aprovechando que sin mi vista disponía de mis otros sentidos para guiarme, sentí como me separaba los cachetes del poto, en realidad la cosa babosa tenía que ser lubricante, porque sentí como comenzaba a meterme sus dedos mojados, al principio metió uno que debió haber sido su índice, luego empezó a meter más, me separó los cachetes y empezó a meter y sacar dedos, esa sensación me estaba torturando, se sentía rico, era una sensación rara, me dolía un poco, pero mi conducto anal, apretaba tan bien sus deseos que se sentía exquisito, era un tortura increíble, estuvo así durante mucho rato metiendo y sacando dedos, no podía ver nada, pero de pronto sentí como me metía algo, algo largo, delgado me dio frió, yo me mordía los labios para no gemir, no quería gemir, quería sentir lo que me hiciera. No obstante, imaginé que por la sensación tenía que ser un consolador, vibrador o algo.

En algún momento, Matías me sacó la venda de los ojos y grande fue mi sorpresa al ver como frente a mis ojos estaba el espejo de mi pieza que no había podido ver cuando me penetró vaginalmente porque su cuerpo lo tapaba, pero ahora podía ver el reflejo en el espejo y ver como el estaba posicionado tras de mí, agachado metiéndome y sacándome un consolador de jelly para dilatar mi ano, que por lo que podía ver ya estaba bastante abierto y podía aceptar sus 4 dedos, las sensaciones me mataban, me encantaba lo que hacía, no era muy fan del sexo anal, pero el solo imaginármelo a él, penetrándome por detrás y yo contemplando el reflejo de mi misma con el posicionado tras de mi me volvían loca de lujuria, de deseo, de placer y mi libido se elevaba más y más convirtiéndome una vez más en una esclava de aquel placer sexual que sabía que sólo él me podría proporcionar.

Matías me abrazó por la espalda y rodeó mi cintura con sus manos, me puso su pene acercándolo a mi ano y me dijo:

- Nunca te vas a olvidar de este día, ¿no te dije que te culiaria como nadie te lo había hecho? Acostúmbrate por que te voy a montar como a una perra – “Concha de mi madre” pensé cuando escuché esas palabras, quedé pa’ adentro, no sabía que decir, pero cuando lo vi alejarse de mi para buscar algo en su mochila, comencé a entrar en pánico. En sus manos tenía, ¿que chucha tenía? Era como un pene, pero lleno de puntas y picos y protuberancias, era una cuestión muy rara, no caché que era, pero lo que sea que fuera me dio más miedo que la cresta.

- ¿No las conoces verdad?, son fundas para el pene, me la voy a poner y te voy a follar como nunca y vas a gozar y gemir como una perra. – Me dijo con tal tono, que no sabía que pensar, tenía los ojos abiertos como platos, se la puso en el pene y quedó como ajustada, era muy grande y tenía esas formas raras, estaba verdaderamente aterrada, pero también estaba excitada, a mi lado masoquista comenzó agradarle la idea, ¿sentiría dolor y placer? Siempre me había gustado el bondage y era un hecho que era masoquista y disfrutaba del dolor porque mi tolerancia a este era grande, pero cualquier pensamiento murió cuando sin más me separó los cachetes del poto, me los abrió como pudo y me metió su pene con esa cosa de una.

Sentí un dolor grande y di un respingo y pensé que me había partido en dos, no podía moverme me dolió mucho, se me cayeron unas lágrimas al sentir eso, fue salvaje, fue bestial, pero lo soporté lo soporté como pude, pero cuando intenté relajarme y ajustar al tamaño como pude entre entrando el poto y pujando, el lubricante que Matías me había aplicado hizo su afecto y aquella molestia y dolor que sentí se transformaron para dar paso a una exquisita y sublime sensación de placer. Me sentí llena, me sentí completa, pasé a otro estado y me encantó, me sentía invadida, y eran sensaciones raras, no se sentía a ningún vibrador, consolador que me hubiera metido o alguien que me hubiera penetrado eso era nuevo y me encantó. Matías comenzó a moverse y me sentí en el cielo, el placer el placer me embargó, me veía como podía en el espejo abierta de piernas, sonrojada, sudada, con un poco de semen de Matías que había salpicado en mi estomago cuando se corrió encima, yo con la vagina roja por la actividad sexual de antes. Y el penetrándome, con esa cosa, mordiéndome el cuello, lamiéndome, chupándome, poseído como una bestia follando y con los ojos cerrados gimiendo como loco.

Las sensaciones me abrumaron, quería placer, y el pensar en como me follaba, el pensar que desde ese día ya nada sería lo mismo, en como él conocía tan bien mis fantasías sexuales y lo más retorcido y depravado de mi ser, me excitaba más y más, quería más y más, quería ser su esclava y quería que sólo el fuera mi amo e hiciera de mi cuerpo lo que se le antojara. Era su perra en celo, era su puta de la calle, su esclava de deseo, su muñeca complaciente, su juguete para cuando quisiera, me había convertido con sus actos en todas aquellas cosas, como me decía entre gemidos Matías. Apenas podía distinguir sus palabras con mis sensaciones atormentándome por la lujuria, pero podía distinguir su voz diciendo cosas como “Eres mi perra” “Me encanta tu poto” “Te voy a follar hasta que no te pares” “Te voy a partir el orto” abrumada por las sensaciones que me descontrolaban, y la ambrosía por por el deseo de sexo que me consumía, las palabras degeneradas que Matías me decía entre gemidos y que me conducían al clímax, y mis propios pensamientos morbosos y sadomasoquistas, no pude contener más, y una vez más me corrí a chorros, vi como pude en el espejo como mis jugos saltaban para todos lados incluso mojándolo y mojaban el piso, vi entrecerrando y abriendo los ojos a Matías contraer el rostro, sentí como me daba una ultima y salvaje brutal embestida como un claro gesto de que acaba de correrse, llenándome una vez más de su viscoso y caliente semen que escurría por mi ano. Salió de mí, se sacó la funda, la arrojó al piso y dejo al descubierto su divino pene que me había hecho gozar tanto y que ahora estaba flácido. Yo estaba exhausta, había sido presa del placer más agobiante y más delicioso de mi vida, había tenido dos orgasmos, había gozado como una cerda y había sido el mejor aniversario de amistad de mi vida.

Ese día nos quedamos acostados en mi cama de dos plazas, yo no me podía mover, ya que tenía el orto para la embarrada, pero a pesar del dolor que sentían mis miembros y mi cuerpo, estaba satisfecha como nunca. Había perdido con aquella experiencia a mi mejor amigo, pero había ganado al amante más candente y complaciente que hubiera imaginado, presa del deseo y esclava de sexo en un simple aniversario, tuve la oportunidad de experimentar en un columpio bondage y con aquellos juguetes que me convirtieron en una insanciable esclava del deseo y de Matías, los mejores orgasmos de mi vida como toda una perra en celo, sólo que a partir de ese día esa perrita tuvo dueño.

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